El crecimiento sostenido de la actividad logística en España durante los últimos años ha puesto de manifiesto una realidad que el propio sector venía anticipando: la dificultad creciente para encontrar trabajadores cualificados que puedan responder al aumento de la demanda. Las empresas de transporte, tanto por carretera como en otros ámbitos logísticos, se enfrentan a un contexto en el que el volumen de mercancías no deja de incrementarse, impulsado por el comercio electrónico, la internacionalización de las empresas y la necesidad de cadenas de suministro más ágiles. Este escenario ha convertido la captación de talento en uno de los principales retos del sector.
La necesidad de incorporar nuevos profesionales no es un fenómeno puntual, sino una tendencia estructural. Cada vez son más las compañías que amplían sus flotas, abren nuevos centros logísticos o incrementan la frecuencia de sus rutas, lo que exige contar con más conductores, operarios y personal especializado. Sin embargo, la oferta de trabajadores no crece al mismo ritmo, lo que genera un desequilibrio que obliga a las empresas a replantear sus estrategias de contratación. Este desajuste se percibe con especial intensidad en el transporte por carretera, donde la figura del conductor profesional se ha convertido en un perfil especialmente demandado.
Uno de los factores que explica esta situación es el envejecimiento de la plantilla. Una parte importante de los conductores en España se encuentra en edades cercanas a la jubilación, lo que implica que en los próximos años se producirá una salida significativa de profesionales experimentados. Al mismo tiempo, el relevo generacional no se está produciendo con la intensidad necesaria. Muchos jóvenes no consideran el transporte como una opción atractiva, en parte por las condiciones asociadas al trabajo, como los horarios prolongados o la necesidad de pasar tiempo fuera de casa. Esta combinación de salidas y falta de entradas acentúa la escasez de mano de obra.
Ante este panorama, las empresas de transporte están adoptando diversas estrategias para atraer nuevos trabajadores. Una de las más habituales es la mejora de las condiciones laborales, tanto en términos salariales como de conciliación. Algunas compañías están revisando sus políticas retributivas para hacerlas más competitivas, ofreciendo incentivos adicionales, dietas o beneficios sociales que puedan resultar atractivos. Asimismo, se están explorando fórmulas que permitan reducir el tiempo que los conductores pasan fuera de su entorno habitual, mediante rutas más cortas o sistemas de rotación que favorezcan el equilibrio entre la vida laboral y personal.
La formación también se ha convertido en un elemento clave en este proceso. Dado que el acceso a determinadas posiciones requiere la obtención de permisos específicos y certificados profesionales, muchas empresas están invirtiendo en programas formativos propios o en colaboración con centros especializados. Estas iniciativas buscan facilitar la entrada de nuevos trabajadores al sector, cubriendo parte de los costes de formación y acompañando a los candidatos en sus primeros pasos. De este modo, las compañías no solo cubren sus necesidades inmediatas, sino que también contribuyen a generar una base de profesionales a medio plazo.
Otro aspecto relevante es la diversificación de los perfiles buscados. Tradicionalmente, el sector del transporte ha estado muy masculinizado, pero en los últimos años se están impulsando iniciativas para atraer a más mujeres. Las empresas están desarrollando campañas específicas y adaptando sus entornos laborales para hacerlos más inclusivos, con el objetivo de ampliar el pool de talento disponible. Este enfoque no solo responde a una necesidad operativa, sino también a un cambio cultural que busca modernizar la imagen del sector.
La incorporación de trabajadores extranjeros es otra de las vías que están explorando las empresas. Ante la escasez de mano de obra local, algunas compañías están recurriendo a la contratación de profesionales procedentes de otros países, especialmente de aquellos donde existe tradición en el transporte. Este proceso implica gestionar aspectos administrativos y de integración, pero permite cubrir vacantes que de otro modo quedarían sin atender. En este sentido, la colaboración con administraciones públicas y organismos sectoriales resulta fundamental para agilizar los trámites y garantizar una incorporación adecuada.
La digitalización está desempeñando un papel importante en la transformación del empleo en el sector. Aunque el transporte sigue siendo una actividad intensiva en mano de obra, la introducción de nuevas tecnologías está modificando las competencias requeridas. Las empresas buscan trabajadores que no solo sean capaces de conducir o manejar mercancías, sino que también puedan interactuar con sistemas digitales, gestionar aplicaciones de seguimiento o adaptarse a entornos automatizados. Esta evolución exige un esfuerzo adicional en formación y en adaptación por parte de los trabajadores.
La imagen del sector es otro elemento que influye en la capacidad de atraer talento. Durante mucho tiempo, el transporte ha sido percibido como una actividad dura y poco valorada, lo que ha dificultado la incorporación de nuevos perfiles. Conscientes de ello, muchas empresas están trabajando en mejorar su reputación, destacando la importancia de su labor en la economía y las oportunidades de desarrollo profesional que ofrece. La pandemia, que puso de relieve el papel esencial de la logística, ha contribuido en cierta medida a revalorizar el sector, pero aún queda camino por recorrer.
La colaboración entre empresas también está ganando protagonismo. En lugar de competir exclusivamente por los mismos trabajadores, algunas compañías están explorando fórmulas de cooperación, compartiendo recursos formativos o participando en iniciativas conjuntas para promover el empleo en el sector. Estas acciones permiten abordar el problema de forma más estructural y generar soluciones que beneficien al conjunto de la industria. Asimismo, las asociaciones sectoriales están desempeñando un papel activo en la identificación de necesidades y en la propuesta de medidas.
El papel de las administraciones públicas resulta igualmente determinante, puesto que la regulación de los permisos de conducción, la homologación de títulos extranjeros o las políticas de formación profesional influyen directamente en la disponibilidad de trabajadores. En los últimos años, se han planteado diversas medidas para facilitar el acceso al sector, como la reducción de la edad mínima para obtener determinados permisos o el impulso de programas de formación dual. Estas iniciativas buscan reducir las barreras de entrada y hacer más atractivo el transporte como opción laboral.
En paralelo, el aumento de la demanda de servicios logísticos sigue presionando al alza la necesidad de personal. El comercio electrónico, en particular, ha transformado los hábitos de consumo y ha generado un incremento significativo en el número de envíos. Esto se traduce en una mayor necesidad de conductores de reparto, operarios de almacén y personal de gestión. Las empresas deben adaptarse a picos de actividad cada vez más pronunciados, lo que añade complejidad a la planificación de recursos humanos.
¿Qué tipo de transporte crece más?
Determinar qué tipo de transporte de mercancías crece más en la actualidad exige analizar no solo las cifras absolutas, sino también las tasas de evolución y los factores que impulsan a cada modo. En términos generales, el transporte marítimo continúa siendo el dominante por volumen total, pero cuando se observa el ritmo de crecimiento relativo, el panorama es más matizado. En los últimos años, el transporte aéreo ha mostrado incrementos porcentuales más elevados en determinados periodos, mientras que el transporte terrestre mantiene una expansión sostenida muy vinculada al dinamismo económico interno de las regiones. Por tanto, la respuesta depende del criterio que se utilice: volumen total, crecimiento relativo o impacto económico.
Si se atiende a la evolución del transporte marítimo, los datos reflejan un crecimiento constante a largo plazo. Desde la década de 1990, el volumen de mercancías movidas por mar se ha más que duplicado, impulsado por la globalización y la deslocalización de la producción. En los últimos ejercicios, el tráfico marítimo mundial ha crecido a ritmos que oscilan entre el 2 % y el 4 % anual en condiciones económicas normales. Aunque estas cifras pueden parecer moderadas, adquieren una dimensión considerable si se tiene en cuenta la magnitud absoluta del sector. Un incremento del 3 % sobre más de 11.000 millones de toneladas supone añadir cientos de millones de toneladas adicionales cada año, lo que evidencia la enorme capacidad de expansión del transporte marítimo.
Sin embargo, este crecimiento no ha sido lineal, tal y como nos indican los administrativos de Star Cargo, quienes nos cuentan que el transporte marítimo está muy expuesto a las fluctuaciones del comercio internacional, por lo que su evolución depende en gran medida del ciclo económico global. Periodos de desaceleración, tensiones comerciales o crisis logísticas pueden frenar temporalmente su expansión. Aun así, en el largo plazo, sigue siendo el modo que canaliza la mayor parte del crecimiento en términos absolutos, especialmente en el movimiento de materias primas y productos industriales a gran escala.
En contraste, el transporte aéreo presenta una dinámica diferente. Aunque su volumen total es mucho menor, su crecimiento relativo ha sido, en muchos momentos, superior al del transporte marítimo. En años de fuerte expansión económica o de auge del comercio electrónico internacional, el tráfico aéreo de mercancías ha registrado incrementos anuales que en ocasiones han superado el 6 % o el 7 %. Este crecimiento responde a la creciente demanda de rapidez en las entregas y al aumento del comercio de productos de alto valor añadido, que requieren tiempos de tránsito reducidos.
El transporte aéreo también ha mostrado una notable capacidad de recuperación tras episodios de caída. Por ejemplo, tras descensos significativos en periodos de crisis, ha experimentado rebotes rápidos impulsados por sectores como la tecnología o la industria. Esta elasticidad lo convierte en un indicador sensible de la actividad económica global. No obstante, su crecimiento está condicionado por factores como el coste del combustible, la capacidad disponible y las limitaciones operativas de los aeropuertos, lo que introduce cierta volatilidad en su evolución.
Por su parte, el transporte terrestre ofrece una perspectiva distinta, ya que su crecimiento está estrechamente ligado a la actividad económica interna de cada región. En Europa, por ejemplo, el transporte por carretera ha crecido de forma sostenida en línea con el aumento del consumo y la producción, con tasas que suelen situarse entre el 2 % y el 3 % anual en periodos de estabilidad. El ferrocarril, aunque con menor peso relativo, también ha experimentado incrementos, especialmente en corredores logísticos específicos donde se ha fomentado su uso por razones de eficiencia y sostenibilidad.
En economías como la estadounidense o la china, el crecimiento del transporte terrestre ha sido especialmente significativo debido a la expansión del mercado interno y al desarrollo de infraestructuras. En estos contextos, el volumen de mercancías transportadas por carretera y ferrocarril ha aumentado de forma notable, reflejando la intensificación de los flujos comerciales dentro de los propios países. Este crecimiento, aunque menos visible a nivel global que el marítimo, resulta esencial para el funcionamiento de las cadenas de suministro.
Si se comparan las tasas de crecimiento, el transporte aéreo suele liderar en términos porcentuales, especialmente en periodos de fuerte demanda. Sin embargo, este liderazgo se basa en una base de partida mucho más reducida, lo que amplifica los incrementos relativos. El transporte marítimo, por su parte, crece a un ritmo más moderado, pero sobre una escala mucho mayor, lo que lo convierte en el principal motor del aumento en términos absolutos. El transporte terrestre, en cambio, mantiene una evolución más estable y predecible, actuando como un reflejo directo de la actividad económica regional.
Otro elemento por considerar es la influencia de las tendencias estructurales en el crecimiento de cada modo. El auge del comercio electrónico ha favorecido especialmente al transporte aéreo y al terrestre, ya que ambos permiten entregas rápidas y flexibles. La necesidad de reducir los tiempos de entrega ha impulsado el uso del avión para determinados productos y ha incrementado la demanda de transporte por carretera en la última milla. En cambio, el transporte marítimo sigue siendo fundamental para el movimiento de grandes volúmenes, pero no puede competir en términos de rapidez.
La sostenibilidad también está influyendo en la evolución del sector. Las políticas orientadas a reducir las emisiones están promoviendo el uso del ferrocarril en determinados corredores, lo que podría impulsar su crecimiento en los próximos años. Al mismo tiempo, el transporte marítimo está adoptando tecnologías más limpias para mantener su competitividad, mientras que el transporte aéreo enfrenta mayores desafíos debido a su intensidad energética. Estas dinámicas podrían modificar las tasas de crecimiento relativas en el futuro.
En términos de previsiones, los organismos internacionales coinciden en que el transporte marítimo seguirá liderando el crecimiento en volumen total, mientras que el transporte aéreo continuará registrando los mayores incrementos porcentuales en determinados segmentos. El transporte terrestre, por su parte, seguirá expandiéndose de forma paralela al desarrollo económico, con especial protagonismo en la distribución regional y urbana.