Las afecciones mentales y dentales juegan en contra de tu corazón

corazón

Aunque no seas consciente, hay muchas otras cosas que también influyen en tu salud, aunque no siempre se vean o se sientan al momento. Tu salud mental, tus dientes y tu corazón están más conectados de lo que parece. Y si uno de esos tres empieza a fallar, los otros dos pueden acabar pagando las consecuencias.

Puede parecer raro, pero es así: la forma en la que gestionas tus emociones y cuidas tu boca puede tener un impacto real y directo sobre tu sistema cardiovascular. No estamos hablando de suposiciones, sino de datos y estudios que lo demuestran. Lo mejor de todo es que puedes hacer muchas cosas para prevenirlo, si sabes por dónde empezar.

 

Tu corazón también sufre cuando tu mente no está bien

Pasar por una etapa de ansiedad, depresión o estrés intenso no solo te afecta a nivel emocional. También genera cambios físicos en tu cuerpo, y uno de los órganos más sensibles a eso es el corazón.

Cuando estás bajo presión, tu cuerpo libera una serie de sustancias que alteran la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el ritmo del sueño. Si esto ocurre de forma puntual, no pasa nada grave. Pero si se mantiene en el tiempo, puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

La ansiedad, por ejemplo, puede provocarte palpitaciones, tensión constante y dificultad para respirar. Con el tiempo, eso desgasta tu sistema nervioso y afecta al funcionamiento del corazón. La depresión, por otro lado, suele venir acompañada de un estilo de vida más sedentario, peor alimentación y falta de energía para moverse o cuidarse. Todo eso también influye en tu salud cardiovascular.

Además, hay estudios que demuestran que las personas con enfermedades mentales graves tienen más probabilidades de desarrollar problemas de corazón. No porque estén más expuestas a accidentes, sino porque sus hábitos de vida cambian, y también lo hacen sus niveles hormonales y su capacidad de reacción ante el estrés.

 

El estrés crónico es uno de los grandes enemigos del corazón

Vivir estresada no es lo mismo que pasar por un día complicado. El estrés crónico aparece cuando llevas semanas, meses o incluso años sintiendo que no llegas, que no descansas, que no te da la vida. Y eso tiene consecuencias muy reales.

Cuando estás estresada durante mucho tiempo, tu cuerpo produce más cortisol y adrenalina de lo normal. Estas sustancias alteran la presión arterial, aumentan los niveles de azúcar en sangre y afectan al funcionamiento del sistema inmunológico. Todo eso puede dañar los vasos sanguíneos, facilitar la acumulación de grasa en las arterias y, a la larga, aumentar el riesgo de infarto o enfermedades cardíacas.

Por si fuera poco, el estrés también te lleva a tener hábitos poco saludables: comer mal, fumar más, dormir peor o dejar de hacer ejercicio. Es un círculo que se retroalimenta y que puede acabar pasando factura.

Aprender a gestionar el estrés no es fácil, pero es clave. A veces no se trata de cambiar todo de golpe, sino de empezar por cosas pequeñas: respirar mejor, pedir ayuda, organizarte distinto o darte permiso para parar.

 

Las enfermedades dentales también afectan a tu corazón

Aunque a simple vista no tengan mucho que ver, la boca y el corazón están conectados de forma muy directa. Las bacterias que se acumulan en las encías cuando hay una infección no se quedan ahí. Entran en el torrente sanguíneo y pueden llegar a otras partes del cuerpo, incluido el corazón.

Una de las enfermedades más comunes que puede causar este tipo de problemas es la periodontitis. Se trata de una infección de las encías que, si no se trata a tiempo, puede dañar el hueso que sujeta los dientes. Pero, además, puede provocar inflamación en todo el cuerpo, y eso aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

También se ha visto que las personas con una salud bucal deficiente tienen más probabilidades de tener presión alta, sufrir arritmias o desarrollar endocarditis (una infección del revestimiento interno del corazón causada por bacterias).

No se trata de asustarte, sino de que entiendas la importancia de cuidar tu boca más allá de lo estético. Una encía sana protege algo más que tus dientes.

 

Un peligro en potencia que la gente no prevé

La clínica dental CIPEM, en Madrid, explica que, cuando la infección de las encías no se trata a tiempo, las bacterias pueden pasar fácilmente al sistema circulatorio. Y eso provoca una inflamación de bajo grado en todo el cuerpo, que afecta especialmente a las arterias.

También insisten en que no se trata solo de limpiar los dientes o eliminar el sarro. Muchas veces es necesario hacer un seguimiento a largo plazo, coordinar con médicos de cabecera o cardiólogos, y enseñar a los pacientes a mantener una rutina de higiene más completa y personalizada.

Lo que proponen, en realidad, es mirar la boca como una parte más del sistema. Porque lo que pasa en ella nunca ocurre aislado.

 

Medicación, boca seca y enfermedades del corazón

Muchas personas que tienen problemas de salud mental toman medicación de forma regular. Esto es completamente normal y necesario en muchos casos, pero también hay que tener en cuenta ciertos efectos secundarios.

Uno de los más comunes es la sequedad bucal. Al producir menos saliva, la boca se vuelve más vulnerable a las bacterias, porque la saliva ayuda a limpiar y a proteger de forma natural. Esto puede favorecer la aparición de caries, infecciones o inflamación de encías.

¿Y qué tiene que ver esto con el corazón? Pues que esa acumulación de bacterias puede llegar a la sangre y generar, como decíamos antes, una inflamación que afecta también al sistema cardiovascular. Por eso es tan importante informar al dentista si estás tomando alguna medicación, para que pueda ayudarte a prevenir este tipo de problemas desde el principio.

 

Depresión, aislamiento y descuido de la salud

Cuando estás deprimida, muchas cosas pierden importancia. Entre ellas, el cuidado de tu salud. A veces dejas de ir al médico, al dentista, dejas de comer bien o de mantener rutinas básicas. No es por falta de conciencia, sino por falta de energía.

Pero esos pequeños descuidos, si se alargan en el tiempo, pueden convertirse en problemas más graves. La falta de higiene bucal, por ejemplo, puede derivar en infecciones que no solo afectan a los dientes, sino que también complican otras enfermedades previas, incluidas las cardiovasculares.

Y lo mismo ocurre con la medicación para el corazón. Hay personas que, al no sentirse bien emocionalmente, dejan de tomar sus pastillas o no siguen bien las indicaciones del médico. Esto puede tener consecuencias muy serias.

Por eso es tan importante hablar de salud mental sin tabúes. Porque cuando se cuida, también se está protegiendo el corazón.

 

Hábitos nerviosos que dañan la boca… y el corazón

Cuando estás nerviosa o ansiosa, es fácil caer en hábitos que parecen inofensivos, pero que con el tiempo pueden hacer daño. Por ejemplo:

  • Morderse las uñas o los labios.
  • Comer de forma compulsiva.
  • Fumar más de la cuenta.
  • Saltarte el cepillado dental o hacerlo con demasiada fuerza.

Todo eso, además de dañar tus dientes, puede afectar también a tu sistema cardiovascular. Comer mal, fumar o llevar un estilo de vida desordenado está muy relacionado con el aumento de la presión arterial, el colesterol alto y otros factores de riesgo.

La clave está en observarte. No desde la culpa, sino con curiosidad. Preguntarte por qué haces lo que haces, y qué podrías cambiar poco a poco para sentirte mejor en general.

 

¿Qué puedes hacer tú para cuidarte más?

No necesitas hacer grandes cambios de golpe. A veces basta con prestar más atención, escuchar tu cuerpo y pedir ayuda cuando lo necesites. Aquí van algunas ideas sencillas para empezar a proteger tu boca, tu mente y tu corazón al mismo tiempo:

  • No descuides tus revisiones médicas ni dentales. Aunque te sientas bien, son importantes para prevenir problemas.
  • Cuida tu rutina de higiene bucal. Cepíllate bien, usa hilo dental y no ignores las señales de las encías.
  • Descansa bien. Dormir mal afecta a tu mente, a tu cuerpo y también a tu salud cardiovascular.
  • Busca apoyo si te sientes mal emocionalmente. Un psicólogo puede ayudarte a gestionar el estrés, la ansiedad o la tristeza.
  • Muévete todos los días. No hace falta hacer deporte intenso, caminar o estirarte también ayuda.
  • Evita el tabaco y el exceso de azúcar. Tu corazón y tu boca te lo van a agradecer.

 

Todo está más conectado de lo que parece

La salud no es algo que puedas separar por partes. Lo que sientes se nota en tu cuerpo, lo que comes afecta a tu energía, y lo que no cuidas termina afectando a otras áreas. Tu salud mental y dental tienen un impacto real en tu corazón, aunque no siempre se note al principio.

Cuidarte también es una forma de vivir mejor. Y aunque no puedas controlarlo todo, sí puedes hacer pequeños cambios que marquen la diferencia. Ir al dentista con más regularidad, hablar con alguien si estás pasando por un mal momento o revisar cómo estás durmiendo también es cuidar tu corazón.

Tú mereces estar bien. Por dentro y por fuera.

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