Siguiendo estos hábitos podremos disfrutar de una buena salud bucodental

Mantener una boca sana a lo largo de la vida depende en buena medida de la constancia con la que se adoptan determinados hábitos cotidianos. Aunque muchas personas solo piensan en la higiene dental cuando aparece dolor o molestia, la prevención es siempre la estrategia más eficaz para evitar caries, inflamaciones y enfermedades más complejas que pueden afectar no solo a los dientes, sino también a las encías e incluso a la salud general. Cuidar la boca no implica grandes esfuerzos, sino una combinación de rutinas sencillas que, cuando se convierten en parte natural del día a día, permiten conservar una sonrisa fuerte y saludable.

La base de la prevención se encuentra en el cepillado regular, realizado con calma y técnica adecuada. No se trata únicamente de mover el cepillo de un lado a otro, sino de dedicar el tiempo suficiente a limpiar todas las superficies dentales, incluidas aquellas que no se ven a simple vista y que suelen ser las más propensas a acumular restos de alimentos y bacterias. Elegir un cepillo con cerdas suaves y un dentífrico con flúor ayuda a reforzar el esmalte y a reducir el riesgo de caries. Además, la presión debe ser moderada; un cepillado demasiado agresivo puede desgastar el esmalte y provocar retracción de encías, lo que deja expuestas zonas sensibles.

Otro aspecto esencial es la limpieza interdental, que muchas personas tienden a olvidar. Los espacios que quedan entre los dientes son lugares perfectos para la acumulación de placa, y aunque el cepillo es fundamental, no siempre llega a esas zonas estrechas. Incorporar hilo dental o cepillos interproximales es una forma sencilla de completar la higiene diaria y evitar que la placa se solidifique y se convierta en sarro, un factor que favorece la aparición de gingivitis. La limpieza interdental, además, reduce el mal aliento y contribuye a una sensación más completa de frescor en la boca.

La dieta también desempeña un papel decisivo en la salud bucodental. Consumir demasiados azúcares favorece la proliferación de bacterias que producen ácidos capaces de erosionar el esmalte. Aunque no siempre es posible evitar del todo los alimentos dulces, es recomendable consumirlos con moderación y, cuando se hace, acompañarlos de agua o realizar un enjuague suave que reduzca el contacto prolongado del azúcar con los dientes. Mantener una hidratación adecuada ayuda a conservar una buena producción de saliva, que es uno de los mecanismos naturales de protección bucal, ya que neutraliza ácidos y arrastra partículas que podrían favorecer la formación de placa.

Acudir de forma periódica al dentista es otro pilar fundamental para prevenir problemas. Incluso cuando no existe dolor, las revisiones permiten detectar signos tempranos de caries, inflamación o desgaste dental. Una limpieza profesional elimina el sarro que no puede retirarse con las rutinas domésticas y deja las superficies dentales más lisas, dificultando la nueva acumulación de placa. Además, el especialista puede orientar sobre la técnica de cepillado más adecuada, recomendar productos específicos y vigilar la evolución de la salud gingival.

Por último, los odontólogos de Russo Dental nos hacen hincapié en que es importante evitar hábitos perjudiciales como el consumo excesivo de tabaco, que afecta directamente a las encías, mancha los dientes y aumenta el riesgo de enfermedad periodontal. Tratar de reducir el estrés también puede ser positivo, ya que muchas personas rechinan los dientes sin darse cuenta cuando están sometidas a tensión, lo que provoca desgaste y molestias en la articulación mandibular. Adoptar rutinas de higiene, mantener una alimentación equilibrada y acudir a revisiones periódicas constituye un conjunto de acciones simples pero poderosas. La prevención no garantiza una salud perfecta, pero sí reduce en gran medida la probabilidad de enfrentar problemas que, con el tiempo, pueden resultar dolorosos o complejos.

¿Cuáles son los tratamientos bucodentales preventivos más habituales?

Los tratamientos preventivos más habituales en odontología son aquellos orientados a evitar la aparición de caries, enfermedades de encías y otros problemas antes de que se desarrollen. Entre los más comunes se encuentran las limpiezas profesionales o profilaxis, que eliminan la placa y el sarro que no pueden retirarse con la higiene diaria. Este procedimiento deja la superficie dental más lisa y reduce la probabilidad de inflamación gingival.

Otro tratamiento muy utilizado es la aplicación de flúor tópico. El flúor fortalece el esmalte dental, lo vuelve más resistente a los ácidos producidos por las bacterias y ayuda a remineralizar pequeñas lesiones incipientes. Es especialmente útil en niños, aunque también se aplica en adultos con riesgo elevado de caries o con sensibilidad dental.

Los selladores de fosas y fisuras son otra herramienta preventiva frecuente, sobre todo en niños y adolescentes. Consisten en una fina capa de resina que se coloca en las zonas más profundas de los molares, donde suele acumularse más placa bacteriana y resulta difícil limpiar. Este sellado evita que los alimentos se adhieran y reduce significativamente el riesgo de caries en esas superficies.

Para la prevención de enfermedades periodontales, además de la profilaxis, a veces se realiza un raspado o alisado radicular en casos donde ya hay señales tempranas de inflamación o acumulación de sarro bajo la encía. Aunque se considera un tratamiento terapéutico, también cumple una función preventiva para evitar que la enfermedad avance.

La educación en higiene oral personalizada es igualmente un elemento clave: los profesionales enseñan la técnica de cepillado y del uso del hilo dental o cepillos interproximales, recomendando productos adaptados a las necesidades de cada persona. Este acompañamiento, aunque no sea un “procedimiento” en sí mismo, forma parte esencial de la prevención.

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