El estrés es un enemigo de nuestro corazón

El estrés es un enemigo de nuestro corazón

Vivimos a un ritmo frenético, la casa, los problemas de los hijos, el tráfico diario, las aglomeraciones, el trabajo, los problemas económicos…, todo ello hace que a lo largo del día nuestra capacidad de aguante se vaya llenando y que día tras día esto pueda llegar a superarnos. Esta sobreexposición al ritmo de vida provoca que nuestro organismo reaccione al distrés, al que también conocemos como estrés malo, poniéndose en guardia y activando las alarmas mediante lo que se ha dado en denominar la respuesta al estrés, pero, ¿cómo lo hace?

  • Incrementando la frecuencia cardíaca, lo que provoca que el corazón lata más rápido.
  • Elevando la tensión arterial.
  • Aumentando la frecuencia y rapidez de la respiración o hiperventilación.
  • El sistema nervioso expulsa más hormonas como el cortisol y la adrenalina.
  • Incremento de tensión en la musculatura del cuerpo.
  • Dilatación de las pupilas.
  • Aumento de la sudoración.

El estrés figura, desde el año 2012, como un factor de riesgo cardíaco en la Guía Europea de prevención cardiovascular, por lo que debemos prestarle una especial atención en cuanto a nuestra salud general y cardíaca en particular.

El eustrés, al que también se conoce como estrés bueno, no presenta mayores consecuencias para nuestra salud, puesto que es algo para que lo que nuestro cuerpo está capacitado, ya que es una “alarma” que dispara las reacciones anteriormente señaladas cuando nuestro cuerpo se enfrenta a un peligro o una situación inesperada, por lo que al pasar esta situación de estrés todas las respuestas del organismo vuelven a su normalidad. El problema surge cuando los factores estresantes que provocan el estrés están fuera del control de la persona y se mantienen de una forma constante durante largos periodos de tiempo, convirtiéndose en un estrés patológico que llega a ocasionar importantes problemas de salud, como:

  • Fatiga habitual o agotamiento.
  • Dolores frecuentes de cabeza, músculos…
  • Molestias gastrointestinales, indigestión, diarrea, reflujo gástrico…
  • Problemas para dormir.
  • Alimentación excesiva o escasa.
  • Irritabilidad, pánico, miedos, fobias, dificultad para la concentración, falta de memoria, cambios de humor…
  • Debilitamiento del sistema inmunológico, con un mayor riesgo de infecciones.
  • Disfunción sexual.
  • Problemas laborales.
  • Problemas psicológicos con ansiedad, conducta antisocial, tendencia al aislamiento social…
  • Un mayor factor de riesgo cardiovascular.

El control de este tipo de estrés se debe realizar bajo las directrices de un equipo multidisciplinar, atendiendo tanto al estrés físico como emocional de la persona, en la que además del tratamiento farmacológico se incluyan las terapias de un psicológico. En este sentido, si vosotros estáis pensando en trataros sobre este tipo de situaciones, nosotros os recomendamos que acudáis a Psycholístic, ya que ellos tratan a las personas como un todo formado por cuerpo, energía, emociones, sentimientos, mente y espíritu, siendo, a través de la meditación holística, como aprendemos que es el cuerpo el que contiene a la persona en todos sus niveles y no solamente el físico, ayudándonos a aumentar la ilusión de vivir y facilitando la conexión con nuestra voz interior. Además, algunas pautas que ayudan a disminuir los niveles de estrés pueden ser:

  • Ejercicio físico. Se recomienda la práctica diaria y al aire libre de ejercicio físico como caminar, natación, la marcha, correr, paseos en bicicleta, tenis, etc.
  • Disfrutar de música agradable y relajante.
  • La lectura de libros con una temática que no exija un muy elevado nivel de concentración.
  • Intentar dormir lo suficiente, es decir al menos 7 horas al día.
  • Seguir una sana y equilibrada alimentación rica en frutas, verduras, fibra y baja en azucares y grasa.
  • Reducir el consumo de sustancias estimulantes como café, té, alcohol, tabaco, etc.
  • Aprender, practicar y seguir unas pautas de respiración que ayuden a controlar los niveles de estrés.
  • Practicar técnicas de relajación y meditación como el mindfulness, yoga, taichí, respiración profunda, etc.
  • Reducir el número de obligaciones e intentar delegar en otras personas lo máximo posible.

Estrés y depresión

Cuando el estrés se convierte en crónico puede llegar a desgastar nuestras energías y ser abrumante, por lo que podemos entrar en un círculo vicioso de negatividad y agotamiento, corriendo el riesgo de entrar en una depresión que nos incapacite para seguir adelante con la rutina diaria. Científicos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, han analizado el vínculo que existe entre una situación de estrés crónico y los trastornos depresivos, señalando que la dopamina, un neurotransmisor del sistema nervioso central que nos hace sentir bien, juega un papel importante, pues cuando el estrés se alarga en el tiempo el organismo deja de liberar dopamina, por lo que todo aquello que hasta el momento nos había aportado una sensación de bienestar y placer deja de interesarnos, causándonos una depresión.