Nutrición y salud dental van de la mano

Por mucho que nos digan que la comida entra por los ojos, que es una realidad metafórica bastante acertada, la realidad es que su vía de entrada es la boca. Eso es algo tan indiscutible como que mantener una buena salud dental es indispensable para que los alimentos lleguen al estómago como es debido: correctamente masticados y deglutidos. Lo que quiere decir es que las células que componen la cavidad oral requieren, de la misma manera que lo necesita el resto del organismo, un constante aporte de nutrientes para mantenerse sanas y cumplir con su función. Dicho de otra manera: la nutrición juega un papel esencial en todo lo relativo a la salud bucodental.

Una dieta equilibrada influye de forma directa en la composición de la microbiota oral; unida a una buena higiene oral, la salud bucodental se ve favorecida del mismo modo que la salud general a lo largo de todas las etapas de la vida.

Mantener unos dientes fuertes y saludables no es una mera cuestión de higiene bucal; una dieta equilibrada influye y determina el estado de los dientes y la cavidad oral. Es como si para que la piel esté en buen estado solo fuera necesario darse una ducha. Nada más lejos de la verdad: la alimentación influye en el estado de la piel, los dientes y todo el organismo. Tan solo hay que saber cuáles son los alimentos que más favorecen a cada parte del cuerpo. Para la piel, la vitamina D; para los ojos, la vitamina A; y para los músculos, la proteína, por citar algunos ejemplos de sobra conocidos.

Los alimentos que se consumen tienen un papel esencial para la salud de los dientes y la protección de la boca en general, debido a que algunos de ellos ayudan a fortalecer el esmalte, reducir la placa y prevenir la caries.

Una buena nutrición, clave para la salud

Los tejidos bucales y las estructuras que componen los dientes necesitan recibir un aporte constante de nutrientes para que su funcionamiento sea el adecuado. Solo una dieta equilibrada puede proporcionar esos nutrientes y hacer que la boca se mantenga en un buen estado de salud. En la Clínica Dental de Arcos, con más de cuatro décadas dedicándose a la salud bucodental, combinando la experiencia con la tecnología más avanzada, aseguran que lo principal es una buena alimentación, sobre todo cuando hay que realizar algunos tratamientos, ya que estar en un buen estado de salud general y bucodental ayuda en la recuperación y asimilación de los mismos.

Si la alimentación es deficiente, a consecuencia de la falta de nutrientes o porque se ingieren alimentos poco saludables, se pueden producir complicaciones como un esmalte dental debilitado, inflamación de las encías o enfermedades periodontales.

La boca es el primer paso dentro del proceso digestivo. Gracias a los dientes, las encías que los sostienen y la saliva presente en la boca, es posible realizar la masticación como es debido, sobre todo cuando se trata de frutas, carnes y verduras. Este primer paso hace que la digestión y la absorción de los nutrientes por el sistema digestivo resulten más fáciles. Si no se tiene una buena nutrición, los dientes se ven afectados, llegando incluso a perderse, lo que afecta al mismo tiempo a la absorción de los nutrientes, entrando en un círculo vicioso que empeora la salud general y la bucodental.

Con la edad y el envejecimiento, la pérdida de piezas dentales por caries o enfermedades periodontales se hace más habitual, así como la aparición de xerostomía o sensibilidad dental por cuellos expuestos. Esto y el uso de prótesis inadecuadas llevan a los pacientes a optar por dietas más blandas que, en ocasiones, no cubren las necesidades nutricionales como es debido. Al mismo tiempo, se tiende a perder el sentido del gusto, se reduce el apetito y aumenta el riesgo de malnutrición y sarcopenia. La combinación de todos estos factores que van ligados al envejecimiento de forma natural suma una complejidad a la hora de cuidar de la salud bucodental, haciendo que la nutrición en esta etapa de la vida se torne más importante.

Si hablamos de alimentos ecológicos, biológicos, orgánicos, adulterados, alterados, dietéticos y transgénicos, podemos conocer cuáles son los más adecuados a la hora de obtener los nutrientes necesarios. Los ecológicos se obtienen sin que exista alteración genética ni se utilicen pesticidas y fertilizantes sintéticos. En el caso de los biológicos, no poseen componentes alterados genéticamente. Si hablamos de alimentos orgánicos, se obtienen sin recurrir al uso de químicos artificiales o pesticidas. Cuando se trata de alimentos adulterados, han sido manipulados intencionadamente, lo que puede suponer un riesgo para la salud. En el caso de los alterados, han perdido su valor nutricional durante el procesado. Los alimentos dietéticos se formulan para cubrir las necesidades médicas o nutricionales específicas y los transgénicos proceden de organismos modificados genéticamente.

Conociendo un poco los alimentos en función de estas tipologías, nos podemos hacer una idea de cuáles debemos consumir y cuáles dejar en el estante del supermercado.

En cuanto a los nutrientes esenciales para la salud bucodental, el calcio y el fósforo fortalecen el esmalte dental y los huesos maxilares; la vitamina D facilita la indispensable absorción de calcio y fósforo; el hierro y el zinc refuerzan el sistema inmunológico y previenen las infecciones bucales; y el flúor ayuda a prevenir que se produzca desmineralización del esmalte y protege frente a la caries.

Microbiota oral y alimentación

En la cavidad oral se encuentran miles de bacterias. Muchas de ellas beneficiosas y otras tantas, patógenas. Su equilibrio depende en gran medida de llevar una alimentación adecuada y una higiene oral continua. Una alimentación que se basa en los azúcares simples y los productos procesados va a favorecer el crecimiento de las bacterias patógenas que son responsables de la caries, la halitosis y las enfermedades periodontales. Optar por una dieta equilibrada con verduras, frutas y fibra es lo que favorece que se desarrolle una microbiota oral saludable que ayude a proteger de las infecciones y a mantener un pH estable.

Cada vez que se ingiere un alimento o una bebida, el pH de la boca cambia. En función del tipo de alimento, se crea un ambiente más ácido, como sucede con los azúcares y los alimentos procesados, que facilita que se produzca la desmineralización del esmalte, aumentando el riesgo de erosión dental aun llevando una buena higiene bucal.

Del mismo modo que una microbiota bucal desequilibrada y una inflamación crónica de las encías están vinculadas a problemas que repercuten en todo el cuerpo, como la misma malnutrición, enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión e incluso el deterioro cognitivo.

La malnutrición afecta a la salud bucodental, del mismo modo que afecta al resto del organismo. Puede darse una desnutrición primaria, que se produce cuando la persona no ingiere los alimentos suficientes y necesarios; una desnutrición secundaria, cuando el organismo no es capaz de absorber bien los nutrientes a causa de una afección digestiva o metabólica; o malnutrición por exceso, a consecuencia de un consumo excesivo de calorías a través de alimentos poco nutritivos.

Estos tipos de malnutrición pueden derivar en afecciones orales, de las cuales la más común es la caries dental a consecuencia de la desmineralización del diente debido a los ácidos que generan las bacterias que fermentan los azúcares de la dieta. Este riesgo se hace mayor si se consumen azúcares de forma frecuente entre comidas, alimentos pegajosos o pobres en grasa, ya que reducen la producción de saliva.

El déficit de vitamina C, calcio o hierro se asocia a enfermedades en las encías; los niveles bajos de vitamina B12, ácido fólico y zinc se asocian con las aftas bucales o la estomatitis aftosa recurrente. Por lo que se aconseja cuidar de la salud bucodental más allá de llevar una buena higiene oral.

Es necesario seguir una buena dieta que aporte una nutrición adecuada y recibir la atención profesional necesaria. Lo más aconsejable es evitar el consumo de azúcares libres, limitar la frecuencia de las comidas y mantenerse bien hidratado para prevenir la sequedad bucal. En la dieta se deben incluir alimentos ricos en calcio, fósforo y vitaminas C y D, como los lácteos, las verduras de hoja verde y los cítricos, además de alimentos crujientes y ricos en fibra. Estos alimentos ayudan a que se estimule la producción de saliva, se limpie la superficie dental de forma mecánica y mejore la salud del sistema estomatognático.

Acudir al dentista con regularidad permite detectar a tiempo las complicaciones que se pueden producir en la cavidad oral y realizar el tratamiento personalizado correspondiente, que puede ser una limpieza profesional, un tratamiento concreto o el reforzamiento de los hábitos de higiene oral. Un enfoque multidisciplinar que incluya especialistas en nutrición, además de otros profesionales de la salud, permite identificar los riesgos nutricionales y adaptar la dieta a las condiciones particulares de cada paciente, diseñando unas pautas alimentarias adaptadas a cada etapa de crecimiento y a cada momento vital. Ahora que tenemos más conciencia de la importancia de la nutrición para la salud bucal y general, podemos decir que la salud sí entra por la boca.

 

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